PDET: Una oportunidad de oro para los gobernantes electos

Foto: Archivo Fundación Chasquis

Desde que se firmaron los Acuerdos de Paz entre el Gobierno colombiano y las FARC, hace ya tres años, la pregunta sobre cómo avanza su implementación ha copado titulares de prensa y eventos sobre el tema alrededor del territorio nacional. Pero resolver dicha cuestión atraviesa necesariamente por un interrogante mucho más específico: ¿Dónde está la plata para la paz? La respuesta: En los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial, mejor conocidos como PDET.

Esta figura, que es básicamente un mecanismo de planeación, nació precisamente de la mano de los Acuerdos y su objetivo fue desde un principio invertir en las regiones de Colombia en donde la brecha de inequidad en comparación con el resto del país se conformó como el caldo de cultivo para el conflicto armado. Es decir, en términos sencillos, llevar la presencia del Estado a estos sitios para que la historia no se repita. Para tal fin se priorizaron 16 regiones que incluyen 170 municipios, dentro de los cuales se cuentan 11.000 veredas, 452 resguardos indígenas y seis zonas de reserva campesina, para un total aproximado de seis millones de personas ubicadas en casi un tercio del territorio nacional.

Podría decirse que se trata de la columna vertebral de la implementación de los Acuerdos. Y su importancia es tal, que basta darse una pasada rápida por la página web de la Agencia de Renovación del Territorio (ART), la entidad a cargo de su manejo, para darse cuenta de que es la bandera de su gestión, al punto que incluso se pueden descargar salvapantallas con esta temática.

De hecho, los PDET son el eje sobre el cual marcha la denominada Hoja de Ruta del actual Gobierno, y en la cual se articulan los diferentes planes de desarrollo territorial: El Plan Marco de Implementación, los Planes de Acción del Programa Integral de Sustitución Voluntaria (PNIS), los Planes Nacionales Sectoriales y los Planes Integrales de Reparación Colectiva. El problema en este punto radica en que al integrar los PDET a estos otros mecanismos de planeación, su presupuesto se ha visto golpeado de manera significativa.

Lo paradójico es que, a pesar de que el Gobierno Nacional le ha dado prioridad a su ejecución, la ART, ya que como reportó en su momento La Silla Vacía “12 de las metas principales del Plan Nacional de Desarrollo están directamente relacionadas con los PDET”, la ART vio disminuido para 2020 más del diez por ciento de su presupuesto.

Tal vez lo más importante a resaltar de los PDET es que, tal como se concibió desde el principio, son programas que se definen de acuerdo a las necesidades puntuales de cada región en donde deben implementarse, y sobre todo, que son planes que se trazan obligatoriamente con la participación de la población. Y en ese aspecto, hoy parece haber consenso en que la tarea se ha estado haciendo.

Ahora, en medio de la coyuntura que se avecina con la instalación de los nuevos gobiernos locales y regionales en el país, a partir de enero de 2020, el reto consiste en integrar los PDET, que como dijimos es el resultado de un consenso entre comunidad y Estado, a los planes de desarrollo y de ordenamiento territorial de los alcaldes y gobernadores electos el pasado 27 de octubre.

Recientemente, tras recibir el compromiso de adoptar lo propuesto en los PDET por parte de los mandatarios de los cuatro municipios del sur del departamento del Tolima, el consejero presidencial para la Estabilización y Consolidación, Emilio Archila, expresó: “Esto es emocionante. Necesitamos que todos los demás gobernantes electos se suban al tren del PDET, proyectados a 10 y 15 años, para que no haya retrocesos en las acciones que llevan bienestar, salud, educación, vías terciarias, reconciliación y oportunidades a más de seis millones de compatriotas que habitan los 170 municipios donde se adelantan las acciones del Gobierno”.

El fondo del asunto ahora radica en las fuentes de financiación de los PDET, ya que estos dineros provendrán en buena parte de inversiones como el Presupuesto General de la Nación y del Sistema de Regalías. Tratándose de requerimientos billonarios en su conjunto, no es un panorama sencillo el que se avecina.

Sin embargo, también se trata de una oportunidad de oro para los nuevos alcaldes y gobernadores, ya que ahora no solo cuentan con una herramienta en la que han quedado plasmados los intereses y necesidades de las comunidades que liderarán, lo cual les ahorra el esfuerzo de definir sus prioridades, sino que también tienen en los PDET un instrumento que puede agilizar la gestión de recursos provenientes del Gobierno Nacional.

A fin de cuentas, no se necesita hilar delgado para entender que la paz en las regiones afectadas por el conflicto armado es un tema con el potencial de aunar los esfuerzos de población e instituciones. Y más cuando uno de los interrogantes más complicados de resolver en ese sentido (¿dónde está la plata?) ya tiene al menos una buena respuesta.

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