Montes de María apuesta por la producción alimentaria agroecológica

El pasado 5 de septiembre se firmó en Sincelejo el Plan de Acción para la Transformación Regional (PATR) del Programa de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) Montes de María. A la firma asistieron delegaciones de las gobernaciones de Bolívar y Sucre, y 15 alcaldes de la región.

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Este plan es el resultado de meses de encuentros entre líderes campesinos, indígenas, afros, víctimas del conflicto, mujeres, organizaciones sociales, academia y empresarios locales, quienes pusieron sobre la mesa los diferentes proyectos que requiere el territorio para alcanzar transformaciones que mejoren la calidad de vida en los Montes de María. “Para mí fue importante porque se vio la participación de algunos miembros de las comunidades y nosotros mismos hicimos la visión de cómo queremos a los Montes de María en el 2028. Además fue muy importante tener este espacio como mujer joven” afirma Yuri Padilla, joven lideresa de San José Playón (María La Baja, Bolívar).

Con plátano, yuca, ñame y otra variedad de productos y de propuestas, los montemarianos dibujaron su futuro: uno donde se equilibran las posibilidades de los campesinos de hacer parte del sector productivo del país desde sus conocimientos y tradiciones, aprendiendo de procesos agroindustriales y comerciales. “Los Montes de María se caracterizan por tener población campesina, afro e indígena que trabajan el campo. Por eso nuestra visión es ser despensa agrícola del país y queremos hacerlo a través de la práctica ecológica, sin dañar el medio ambiente y producir alimentos más sanos, usando lo que la naturaleza nos brinda”, sostiene Padilla quién de manera activa participó en todo el proceso del PATR.

Una visión compartida
El compromiso con su visión de comunidad quedó demostrado con la participación de 10.376 personas, todos ellos residentes de los 15 municipios, en la construcción del PATR. La apuesta de la población fue incorporar sus propuestas de desarrollo y utilizar elementos y herramientas propias para combatir la extrema pobreza que los afecta (carencia de servicios básicos como acueductos) y para contribuir a la protección del medio ambiente. Con la firma del PATR se logró que las comunidades de 15 municipios se pusieran de acuerdo para consolidar su visión del territorio a 10 años. Como cita el documento:

Los Montes de María en el 2028 será reconocido como un territorio innovador, sostenible ambientalmente, líder en producción alimentaria agroecológica, con procesos de transformación y comercialización que garanticen la seguridad y soberanía alimentaria y con desarrollo turístico comunitario, étnico y cultural.

Será un territorio seguro, reconciliado y en paz, garantizando el goce efectivo de derechos, la gobernanza y reparación integral a las víctimas del conflicto armado. Con una población educada, organizada y empoderada, que propicia la participación, la autonomía campesina, étnica y el enfoque de género. Ahora sigue el cumplimiento del compromiso institucional de hacerlo posible.

La producción alimentaria agroecológica es uno de los elementos más destacados de este plan que recoge los procesos de reflexión y planeación participativa a 10 años en los Montes de María, una subregión estratégica de importancia nacional y cuyas características hacen clara la necesidad de garantizar la soberanía alimentaria y la protección de sus recursos naturales.

“El PATR va a aligerar la cargas, la pobreza no se va a eliminar en 10 años,pero habrá una transformación diferente a lo que estamos viendo en salud, en vías y en la producción del campesino, de la población étnica, con su enfoque y forma de cultivar, respetando el medio ambiente. Queremos soberanía alimentaria, tener los alimentos que uno necesita a la mano, garantizar la alimentación a las comunidades, sin que sea impuesta por otro modelo sino de acuerdo al modelo de vida de las comunidades” concluye Yuri Padilla, lideresa que está terminando sus estudios de etnoeducación con la esperanza de continuar trabajando por su comunidad.

La subregión cuenta con ecosistemas de bosques secos tropicales y manglares, recursos hídricos (ciénagas, lagunas y aguas subterráneas), formaciones coralinas, playas marinas (solo San Onofre) y una importante variedad de flora y fauna. Se presenta una elevada tasa de deforestación y áreas susceptibles de riesgo de desastres naturales. Por otro lado, varios municipios son afectados por sequías los cuales reportan permanentes pérdidas de producción. Los campesinos manifiestan dificultades para sostener sus cultivos, asegurar la alimentación de la población y para evitar el alza en los precios de los productos locales.

El monocultivo de palma de aceite, teka, y eucalipto, distribuidos principalmente en María la Baja, El Carmen de Bolívar, Zambrano, Córdoba y más reciamente en San Onofre, si bien brindan algunos recursos, producen impactos –referidos por las mismas comunidades rurales– como contaminación de aguas o afectaciones a la seguridad alimentaria, especialmente en el municipio de María la Baja.

Una preocupación
Irina Junieles, directora de Justicia Transicional (JT) del Centro de Estudios de Derecho Justicia y Sociedad (Dejusticia), e integrante de ‘Transformemos: Territorios Construyendo Paz’, ha acompañado este proceso y la creación de espacios pedagógicos.
Junieles destaca que es esta la primera vez que el Estado se compromete de manera efectiva a generar espacios de participación para los actores en el territorio. Para ella, la alta participación de las personas, quienes desde la vereda más pequeña y durante un año trabajaron activamente en más de 100 sesiones de trabajo, es un auténtico ejercicio de participación democrática. Sin embargo, ve con preocupación la propuesta de desarrollo turístico: “Los Montes de María han sufrido el conflicto armado y aún están en desarrollo los procesos de retorno y reubicación de las víctimas y la reconstrucción del tejido social. Nos preocupa el impacto de un turismo mal desarrollado”, afirma la profesional, quien espera que esta propuesta se lleve a cabo como está planeada, es decir, como turismo comunitario, étnico y cultural.

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