Lineth Johana Romero: Liderazgo rural femenino en primera persona

Yo me llamo Lineth Johana Romero López. Soy integrante de Acomflopad(1) en el tema de Mujer y Género, y hago parte de la Coordinadora de Mujeres a nivel nacional de Anzorc(2). Aquí estamos en Norcasia, en el corregimiento de San Pedro, que pertenece al municipio de Florencia, departamento del Caquetá. Yo vengo del corregimiento Alto Orteguaza, que queda en la vereda La Ilusión. De allá a acá me echo unas seis horas a pie. En carro son cuatro horas. La verdad, es similar. 

Cuando era pequeña, yo siempre estaba diciéndole al presidente de la junta que le iba a quitar el puesto. Quería ser presidenta. A mí siempre me han interesado los temas de la comunidad. Y un día empecé a irme metiendo en el cuento del liderazgo. Yo siento que eso del liderazgo es algo con lo que uno nace. 

Cuando una es niña tiene ideas muy distintas. Mi idea era siempre irme del pueblo a la ciudad. Los campesinos casi nunca aspiran a crecer y quedarse en el campo. Yo aspiraba a irme a estudiar en una ciudad. Y a los 17 años me fui allá a estudiar y a trabajar. Sobre todo porque el acceso académico en el campo es muy precario. 

Pero la ciudad no era lo que yo pensaba. No era ese lugar bonito donde uno cree que todo es bonito y chévere. No era así. La ciudad es algo muy estresante para alguien que está enseñado a ser libre. Es un lugar donde tú estás encerrado o corriendo por todo, que porque llegó el recibo de la luz o del arriendo. Yo vi que ese corre-corre no era lo que quería para mi vida.   

Entonces cambió mi forma de pensar y me devolví al campo. Y allá un día un señor me dijo que yo tenía potencial para liderar. Los campesinos nos caracterizamos por no creer en nosotros mismos, pero a diferencia de muchos, a mí no me da pena ni pereza pararme a hablar. 

Entonces comencé a meterme en el cuento y me lo fui creyendo. Empecé a visitar las comunidades y seguí trabajando. En un momento me metí de candidata a unas elecciones al Concejo pero el partido no logró el umbral y no me alcanzó. 

Después vino la oportunidad de hacer parte de Acomflopad. Se hizo un sondeo entre la gente para sacar unos candidatos, luego se hizo una preselección y finalmente quedé yo. Así me hice parte de la organización y comencé a perfilarme como una lideresa en el territorio. 

Los temas por los que más me he inclinado son los que tienen que ver con los recursos naturales y la mujer. Como he vivido en el campo, siempre me he inclinado por esos procesos y en Acomflopad se recoge mucho eso, preservar nuestro entorno. Como campesinos, intentamos conservar nuestra naturaleza y nuestros recursos hídricos y luchamos por tener una vida digna. ¡Claro que se puede!

Cuando una es lideresa, una piensa en el colectivo, ya no piensa en uno solo. Eso es clave para entender lo que hacemos. Uno quiere pensar en todas las mujeres y en todos los compañeros, uno simplemente se dedica a los demás. No debería ser algo difícil de entender que uno quiera una mejor vida para su comunidad, mejores servicios porque en el campo son precarios, más servicios para las mujeres para que dejen de ser personas dependientes de los hombres. Eso es ser lideresa y eso es lo que me gusta hacer.

Lo más difícil es la estigmatización que siempre ha habido con los líderes sociales. El tema de la seguridad es muy fuerte. A mí siempre las comunidades me dicen que mire que usted mantiene arriesgando su vida, aunque yo siento que yo no ofendo a nadie con mi trabajo. Pero sí siento nervios al ver que día tras día asesinan líderes y lideresas y que nada pasa. Eso es lo más difícil, la falta de garantías. 

En mi vida diaria, me levanto a ordeñar antes de las seis de la mañana, trabajo con mi papá en la finca, que es una finquita normal, con sus vacas, la huerta y la agricultura. Y así sigo con el trabajo normal del campo. 

Yo he mirado que para nosotras las mujeres es más difícil ese trabajo porque además de eso, una tiene que ayudar en los oficios de la casa. Entonces para una mujer campesina común y corriente, como yo, es una carga de trabajo muy difícil todo eso de ir y ordeñar y tener que hacer el desayuno y volver al trabajo de la finca y regresar a hacer el almuerzo, y así de allá para acá y de acá para allá. Casi no hay hombres que colaboren con el trabajo del hogar. Son las mujeres las que cuidan la casa y a los niños, además de ayudar en las labores de la finca. Lo peor es que eso se ha naturalizado, es lo más duro. Por eso es fuerte cuando las mujeres empezamos a formarnos en este tema del liderazgo y la ven a una como la rara. 

Eso se remedia empezando a concientizar a los compañeros, decirles que se puede cambiar ese lenguaje que tenemos. Y en cuanto a las mujeres, tenemos que apoyarnos entre todas, paso a paso, y así vamos a tener mejores resultados. 

El problema es que las mujeres dependamos de alguien. A eso nos han acostumbrado. Yo hablo con las nuevas mamás y las amigas mías y les digo que si tienen hijas no les enseñen eso del hogar y del matrimonio. Les digo que eso es algo que se va a dar para cada mujer. Les enseño a que sean independientes y a que aprendamos a trabajar para nosotras mismas. 

Yo a Acomflopad le debo la mujer que soy, la mujer decidida a pensar distinto y a querer siempre estar ayudando. Porque uno siempre quiere ayudar, qué le vamos a hacer. 

En el Caquetá somos bendecidos por la naturaleza que tenemos, pero siento que no tenemos líderes políticos que lo defiendan. Falta gente que se apersone del territorio y entienda lo importante que es. Acá hay mucha diversidad, mucha agua. Por donde usted va se encuentra aguas naturales, hay gran variedad de animales. El problema, muchas veces, es que las reglas y las leyes no son acordes a las realidades del campesino. 

Esto es muy difícil cuando la corrupción es cada día más fuerte, cuando de repente llegan recursos y las personas sin conciencia de humanidad se llevan las cosas y el país sigue en la pobreza. Y desafortunadamente cada día es más terrible porque suben los impuestos y el consumo sube.  

Yo creo que la gente en la ciudad lo caracteriza a uno como gente pudiente, a veces ni siquiera existimos para ellos. Nos ven como empresas agrarias, que es como nos ve a veces el Gobierno. Nos ven como gente allá lejos en sus fincas. 

Nosotros en la organización nos hemos dado a la tarea de concientizar a la gente para que, por ejemplo, le compre los productos directamente al campesino. Es muy duro cuando el campesino llega con sus productos al pueblo y hay un acaparador que le paga como quiere y punto. Los campesinos estamos trabajando a pérdidas. Mi papá tenía plátano en la finca y tuvimos que dejar de sembrarlo porque no daba. Usted iba a sacar una carga de plátano y se iba a venderla con dos bestias y un trabajador, y el comprador le pagaba 50.000 pesos. Solo quedaba para pagarle al trabajador. Y el sustento, ¿qué?

Cuando uno habla de mercados campesinos a veces a la gente les entra por un oído y les sale por el otro. Mire, un campesino puede vender un racimo de plátanos a 8.000 pesos o tres racimos en 15.000, por ejemplo. El revendedor vende los tres racimos en 30.000, es decir, cada uno en 10.000. ¿Sí ve? Si la comunidad tomara conciencia y le compra directamente al campesino ganamos todos. 

Yo tengo ya 30 años. Muchas cosas sí han cambiado desde que tenía 17 y me fui a la ciudad. A esa edad yo pensaba en construir una familia basada en lo que todos llamamos una sociedad ejemplar. Quería encajar, ser una mujer de la casa, etcétera. Hoy como lideresa siento que eso no es una prioridad. Siento que las mujeres en los hogares construyen mujeres para perpetuar el modelo, para seguir siendo madres y esposas. Mujeres a quienes los padres no educan para que se defiendan en la sociedad y para que enfrenten la vida sino solo para que consigan un esposo y dependan de alguien que les dé el sustento. 

Yo ya no soy la persona que se queda con lo que me dicen. A mí me gusta mirar, analizar. Entonces me dediqué a mirar los hogares, miraba el de mi casa, el de mi familia y el de mis amistades y vi que no era lo que yo quería para mí. No quería ser la mujer de alguien. No sé si me voy a quedar sola, espero que no. Espero conseguir un compañero igual a mí y que los dos subsistamos bajo un mismo techo, haciendo ambos lo que nos gusta.

Para mí, ahora sigue continuar trabajando por las comunidades para ver mujeres fuertes en la región, porque a pesar de que a nivel nacional nosotros acá en el Caquetá nos identificamos por tener mujeres lideresas, no somos fuertes en organizaciones grandes. Siento que hay que potenciar eso para que haya más procesos y más organizaciones de mujeres. Eso nos hace falta. Yo lo que quiero es incentivar a que haya más mujeres con liderazgo.

(1) La Asociación Campesina Cordillera de los Municipios de Montañita, Florencia, Paujil y el Doncello (ACOMFLOPAD) es una organización campesina ubicada en el departamento del Caquetá, la cual abarca una extensión de 161.000 hectáreas e involucra 124 veredas y cuatro municipios. Fuente: Investigación de la Universidad Nacional ’Abordajes hacia la transformación: Una mirada desde el enfoque de Acción Sin Daño a los caminos tomados por comunidades e instituciones en torno a cinco casos de conflictos agrarios y rurales’.
(2) La Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina (Anzorc) es un proceso de articulación de las organizaciones campesinas colombianas que busca el reconocimiento pleno de los derechos del campesinado y el ejercicio de la territorialidad a través de la figura de Zonas de Reserva Campesina. Fuente: Web oficial de Anzorc.

Esta lideresa caqueteña fue una de las participantes del Diplomado en Análisis, Gestión y Transformación de Conflictos por la Tierra y el Territorio en el Sur del País (Meta, Caquetá y Guaviare) ofrecido por las Universidades Nacional, de la Amazonía y de os Llanos, en el marco de la iniciativa ‘Transformemos Territorios Construyendo Paz’. En sus palabras, “el diplomado fue bonito porque desafortunadamente nosotros como líderes sociales tenemos un discurso pero no tenemos el discurso aterrizado a las leyes y a los decretos. Entonces fue algo que nos permitió conocer que hay una ley tal y que es del año tal, y eso es una puerta que se abre para uno poder estudiar más y aterrizar el discurso que tenemos. Nos ayudó a saber que hay leyes y decretos que sí favorecen al campesinado, pero que no las conocíamos”.

Otras Noticias

Fundación Chasquis: Comunicación al servicio de la paz
Leer Más
‘Nosotros seguimos’: Una huella imborrable
Leer Más
Editorial
Leer Más