El pescador y la ciénaga

Enildo Cantero Doria representante de la Federación de Pescadores Artesanales y Productores Agrícolas de Córdoba. Foto: Fundación Chasquis

Yo me llamo Enildo Cantero Doria y soy del corregimiento Cotocá Arriba, en el municipio de Lorica. Yo soy pescador y actualmente soy representante de la Federación de Pescadores Artesanales y Productores Agrícolas de Córdoba.

Nosotros ahora hacemos parte del movimiento ‘El Agua Contando Historias’, que hacen lo mismo que nuestro trabajo, es decir, nuestras iniciativas con las mismas. Este movimiento de ‘El Agua Contando Historias’ representa muchas expectativas para nosotros. Es que mire, si nos mantenemos unidos puede que no vayamos a recuperar el cien por ciento de los humedales en Córdoba, pero sí podemos hacer iniciativas más fuertes para que algunos humedales como la Ciénaga Grande, por ejemplo, el día de mañana o pasado los rescatemos para que sea útil y que sea un ecosistema que brinde los servicios que nosotros como pescadores y campesinos nos merecemos.

Yo nací en el corregimiento Cotocá Arriba, que está al lado del complejo cenagoso, entre la Ciénaga de Bañó y la Ciénaga de los Negros; nos atraviesa el río Sinú y luego viene la Ciénaga Grande del Bajo Sinú. Allá somos una cultura anfibia.

Yo nací al lado del pozo Robles, y nací en esa cultura pesquera. Mis padres y mis abuelos, todos fuimos pescadores. Nos criaron con la plata de la pesca y yo retomé esa cultura porque para nosotros la pesca es una cultura, no es algo que nació ayer, es una cultura ancestral.

Allá, pues como nosotros hacemos pesca continental, entonces extraemos peces como el Bocachico, el Moncholo, la Mojarra Amarilla, el Bagre Blanco y otras especies que son de aguas de río.

La pesca anteriormente nos daba para mucho, para subsistir bien, para hacer los gastos de la familia. Anteriormente a nuestros ancestros casi no les importaba la tierra porque la pesca daba para nosotros tener todo, pero desafortunadamente por las intervenciones antrópicas y los proyectos extractivos del Gobierno y por la desecación de los humedales y el asunto de la ganadería extensiva, eso ha hecho que cada vez se estrechen más los ríos y las lagunas, y ya no hay mucho para pescar pero anteriormente la pesca era para todos y nos servía para todos nuestros gastos.

Mire, yo tengo diez hijos. La verdad es que como la pesca nos daba para todo antes, no nos imoprtaba tener hijos y mujeres. Yo a todos mis hijos los he criado bajo la pesca, con el dinero de la pesca.

A ver, el trabajo de liderazgo es un don de Dios, porque nadie lo hace ser líder a uno. A mí me gustó el liderazgo desde muy pequeño, cuando estaba en mi escuela. Me gustaba liderar los procesos, yo lideraba los centros literarios y participaba en todas esas actividades. Entonces así, a la edad de 14 años, fui presidente de la Junta de Acción Comunal de mi corregimiento. Yo he sido directivo de Asocomunal en Lorica, de ANUC, y ahora de la federación de pescadores. A mí me ha gustado siempre ese tema porque siempre he dicho que las cosas no llegan solas, que las cosas hay que lucharlas.

Nuestra comunidad tiene muchas problemáticas pero las ambientales son las más importantes, porque de ahí dependen lo económico y lo social. Es que anteriormente la ciénaga era grande, era una ciénaga que surtía de todo porque la flora y fauna eran despensa.

La reducción de nuestro ecosistema por culpa de la intervención antrópica y del aprovechamiento de los ganaderos y por la construcción de la represa de Urrá, pues eso ha hecho que la ciénaga se haya desecado y tenga ahora poquita agua.

Entonces nuestras fuentes de ingresos han bajado y eso ha creado unos conflictos tan grandes que hoy en día vemos cómo nuestras familias se han desintegrado. Muchos de nuestros jóvenes han dejado nuestra comunidad y hay un desplazamiento hacia las grandes ciudades como Bogotá y Medellín, a donde se van para servir de amas de casa o de cualquier trabajo que les brinden las ciudades. Nos hemos quedado sin relevo generacional. En estos pueblos ribeñeros, así como van las cosas, vamos a desaparecer.

Un pescador sin agua es como una persona sin vida porque si no hay agua no hay pesca, y si no hay pesca no nos alimentamos.

Las soluciones hay muchas. Lo que no hay es la buena voluntad de los gobernantes. Nosotros lo que queremos es que nos rescaten los humedales, que respeten los ríos, que respeten la creación de Dios. Queremos que las instituciones del Estado hagan su función, que es lo que manda la Ley 99 que es la Ley Ambiental. Que el mismo Ministerio de Ambiente cumpla sus funciones públicas bien hechas, que la ANT recupere esos humedales, que delimite lo público de lo privado para que se respete lo público. Porque los humedales son bienes públicos de la Nación y no pueden estar en manos de ningún particular.

Para tener la convivencia armónica que tenemos ahora en el territorio, hemos tenido que hacer actividades. Por ejemplo, por nuestros propios medios conseguimos con la autoridad ambiental que la ciénaga fuera declarada como Distrito de Conversación de Suelos. Entonces ya tiene un plan de manejo, que es un plan que fue hecho por nosotros los pescadores, que somos los que sabemos en cada zona qué se puede hacer. A través de eso hemos conseguido más bien poco porque siempre están los ganaderos y la expansión agrícola metiéndose y lo que dejamos como zona de pesca es lo único que nos han respetado. Pero con esa zona de pesca con la desecación de los humedales se nos esté reduciendo. Y si no hay agua no hay peces. Pero como digo, la relación armónica acá ha sido por iniciativa nuestra, sobre todo para que se hagan nuevas cosas.

El ecosistema lo tenemos que cuidar porque de eso depende nuestra vida. Si usted no cuida su comida, ¿quién se la va a cuidar?

Nosotros sabemos como líderes que tenemos que conocer las normativas porque si no, no se puede hacer nada. Y vamos reclamando al Estado, a las corporaciones y a las entidades que inciden en este territorio para que nos ayuden a proteger esto. En nuestra comunidad tenemos muchos ecosistemas biodiversos. Hoy tenemos por ejemplo 303 hectáreas en las que se han podido identificar 130 especies de aves que ni en un páramo grande se han visto. Y eso lo cuidamos hoy nosotros. Y ¿por qué lo cuidamos? Porque se está acabando y si se acaba, ¿qué le vamos a dejar a nuestras generaciones futuras?

Acá para cuidar el territorio, por ejemplo, en las comunidades hacemos vedas y comités de vigilancia. Nuestro corregimiento no depende de la burocracia del municipio ni del departamento. Nosotros tenemos cinco organizaciones en un corregimiento de apenas 1.200 habitantes. Y esas organizaciones tienen una labor social, y la primera es conservar los recursos naturales del humedal y de todo el territorio. Entonces hacemos recorridos y vigilancia en tiempos de pesca, y así cuidamos especies como la hicotea, el chigüiro y las aves que están ahí. Además cuidamos que los peces estén en su tamaño de captura para que sea el adecuado para la pesca.

Nosotros hemos dado ejemplo a nivel departamental, pero como iniciativa comunitaria. Nada de iniciativa burocrática, porque en ese sentido en poquitas cosas nos han apoyado.

La cultura anfibia somos quienes desarrollamos nuestras actividades en tierra y en agua, y eso lo hemos mantenido desde nuestros ancestros. Es una cultura que queremos rescatar, porque nuestros hijos han visto en nosotros que esas actividades no son sostenibles hacia el futuro debido a la escasez, entonces ellos emigran y nos quedamos sin los relevos generacionales y sin nuestra identidad. Lo que nosotros queremos es rescatar esa identidad cultural y decirle a nuestros hijos que podemos estudiar y que podemos ser profesionales pero que nuestra identidad la llevamos a donde quiera que vayamos.

La tierra nos sirve de mucho. Un campesino como nosotros necesita dónde poner una matica de plátano para que podamos asegurar nuestra seguridad alimentaria. La tierra no la queremos en grandes extensiones, pero sí la queremos para poder ejercer nuestro plan de vida, para tener nuestro pancoger. Y del humedal sacamos los peces para obtener la plata para el arroz y para la ropa, por ejemplo. Pero claro que necesitamos la tierra para nuestro plan de vida comunitario y campesino.

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