Complejo cenagoso del Bajo Sinú: Realidades y esperanzas de un campesinado anfibio

Vista desde el Cerro San Sebastián-Lorica (Córdoba) Foto: Fundación Chasquis

Hace dos años el exviceministro colombiano de Ambiente, Carlos Castaño Uribe, uno de los más destacados académicos en el ámbito medioambiental de América Latina, advirtió en medios de comunicación que el complejo cenagoso del Bajo Sinú era un ecosistema frágil que no resistiría más intervenciones o alteraciones (1).

En días recientes visitamos la zona para participar en la socialización de la labor que adelanta el Observatorio Jurídico Ambiental y de Conflictos Territoriales de la Universidad de Córdoba, y hablamos con expertos, docentes y pobladores del Bajo Sinú. Allí pudimos conocer el estado actual del complejo cenagoso, uno de los más valiosos patrimonios naturales del país. Y aunque el panorama es preocupante, el trabajo que están adelantando comunidades y Academia para contrarrestar las afectaciones al territorio, así como para preservar el modo de vida que ha permitido la pervivencia de sus habitantes desde los tiempos del pueblo Zenú, son una luz de esperanza.

Para ahondar en estos temas, entrevistamos a Emilio Ramón Villera Araújo, profesor e investigador oriundo de Ciénaga de Oro, quien ha dedicado más de la mitad de su vida al trabajo con comunidades sociales, campesinas, indígenas y afros. El docente, quien asegura que diplomados como los promovidos por ‘Transformemos Territorios Construyendo Paz’ son positivos para mejorar las capacidades de la gente a la hora de encarar las diferentes problemáticas de la región, es vehemente a la hora de afirmar que para abordar este tema en el departamento se debe hablar de tres aspectos fundamentales: la tierra, el agua y los medios de vida. Y subraya especialmente el agua. “De los 2.224.000 hectáreas de agua que hay en la Costa Atlántica, Córdoba tiene el 82%.”, dice, seguido de lo cual lanza la pregunta: ¿Hoy qué queda de eso?

Transformemos Territorios Construyendo Paz: Profesor, hagamos un resumen del problema histórico del complejo cenagoso del Bajo Sinú.

Emilio Ramón Villera Araújo: La Ciénaga Grande del Bajo Sinú es un ecosistema que hemos venido tratando de conservar. Esto fue un lugar de asentamiento de la cultura Zenú. Cada uno de estos pueblos desarrolló una cultura y una tecnología que les permitió articularse de manera armónica con el medio ambiente sin generar afectaciones en el territorio. Estas comunidades avanzaron en sus modelos, heredando en el complejo lagunar una serie de actividades productivas que identifican y componen lo que es la línea alimentaria pertinente y nutritiva para las poblaciones campesinas del Bajo Sinú.

TTCP: ¿Cuál es la problemática actual que afrontan los campesinos que hacen parte de una tradicional cultura anfibia?

ERVA: Hay que resaltar eso. El complejo lagunar permitió que nuestros ancestros y las poblaciones subsiguientes desarrollaran en ese ecosistema un modo de vida armónico con el concepto agua. Por eso estos temas de cultura anfibia en Córdoba han sido bastantes resaltados desde la época de la colonia; los franceses empezaron a hablar de la dinámica del sinuano con el complejo lagunar, con el agua, ya que a partir de eso generaron toda una concepción mitológica, cultural y tecnológica q los identificaban en el territorio como tal. Entonces esta microregión que hace parte del complejo lagunar, que es un humedal que amortigua las aguas del río Sinú, generó toda una conexión entre la cuenca y los modos de vida de los ocupantes de la ciénaga.

Esta cultura anfibia hoy está amenazada. Hoy estos procesos padecen una acción de erosión total que tiene sus raíces desde una misión que vino a Colombia, la Misión Currie (1949), donde se abrieron las compuertas de todos los complejos lagunares, de charcos, ciénagas y pantanos, para ser utilizados supuestamente en el desarrollo de la industrialización del país. En medio de eso entraron todas estas acciones de ocupación del territorio, que en su mayor totalidad la hicieron empresarios del sector agropecuario. Instauraron unos modelos de agroindustrialización totalmente lesivos para el sistema, al punto que hicieron desecar la ciénaga, la cual estaba en 142.000 hectáreas más o menos y que según una resolución (2) a la que el Estado se vio abocado a hacer en 1982 ante las presiones internacionales, se determinó que estábamos en 38.000. O sea, todo este resto, ciento y pico de mil de hectáreas fueron desecadas.

TTCP: ¿Cuál ha sido el impacto de ese proceso de desecamiento en la ciénaga?

ERVA: El complejo lagunar ha sido altamente deteriorado. Los procesos de desecamiento de agua ha sido una cosa muy brutal. Acá los campesinos dicen que si acaso contamos con 15.000 hectáreas. Desde 1982 para acá no se han hecho estudios de alinderamiento de agua que puedan determinar cuánto cuerpo de agua le queda realmente a la Ciénaga Grande del Bajo Sinú. Todo ese proceso de desecamiento ha generado toda una erosión ambiental y unos impactos graves sobre el medio ambiente. Y ha generado una erosión cultural también, en la medida en que desplaza a los ocupantes naturales que conocen el territorio y que lo impactan en menos grado. Al desplazar esos ocupantes, con ellos se va todo un mundo cultural. Se desplaza el conocimiento y la cultura que construyeron en el territorio esas personas donde era muy armónica su relación con el medio.

TTCP: ¿Qué problemáticas hay en cuanto a la tenencia de la tierra?

ERVA: Otra cosa que hemos apreciado en el complejo lagunar es que todas las acciones de infraestructura, como jarillones, etcétera, más allá de la erosión ambiental han generado un problema de tenencia de la tierra. Un problema del derecho de los ocupantes ancestrales a quienes el Estado no les ha resuelto de manera definitiva su titulación. No obstante, lo ha hecho con los ocupantes que desecaron la ciénaga y se apoderaron de los territorios. Y esa es una pelea que viene desde la década de 1940 hasta el día de hoy. Es una lucha por la formalización de la ocupación en el complejo lagunar.

TTCP: ¿Cómo afecta este panorama la economía campesina?

ERVA: Estos elementos impactan negativamente y ahondan en los procesos de desaparición del concepto de economía campesina, lo cual se ha demostrado que es un modelo que interviene en el territorio pero de una manera respetuosa con el medio. El impacto de la economía campesina es mucho menos fuerte que el de los monocultivos o el de la agroindustria, como por ejemplo el sorgo o el maíz transgénico. Es que han llenado de químicos el complejo lagunar y han contaminado suelos y aguas. Y de esas aguas dependen los pobladores y las especies del ecosistema.

TTCP: ¿Qué alternativas hay y por qué es importante el movimiento El Agua Contando Historias?

ERVA: A raíz de esta problemática y de las dinámicas de las experiencias de estas comunidades y de unas 70 organizaciones se ha conformado el movimiento social El Agua Contando Historias. Este movimiento es también una manera de enfrentar hoy los problemas de subsistencia y de desarrollo que no solo es la tierra sino que también hay otros aspectos de vital importancia como lo es el agua y los medios de vida. Esos medios de vida son los que estructuran y organizan a los pobladores, quienes los convierten en técnicas y tecnologías apropiadas para intervenir su medio y lograr su subsistencia. Tierra y agua son los grandes temas de conflicto y de análisis que empieza a abordar El Agua Contando Historias.

TTCP: ¿Qué más se está haciendo para contrarrestar las problemáticas en la región?

ERVA: Hay varias vías que se están construyendo con las organizaciones. Una de ellas es todo el tema de la reconstrucción de la matriz productiva en el complejo lagunar, otro es el ecoturismo que preserva y dinamiza una economía de los pobladores. Y finalmente hay otras alternativas que apenas están en discusión, como la Declaratoria Ramsar para la Ciénaga del Bajo Sinú a la luz de la normatividad interna y de las reglamentaciones ambientales que tiene Colombia al respecto.

TTCP: ¿Cómo El Agua Contando Historias propone un modelo de conservación cultural de toda esta historia y esta narrativa?

ERVA: Es que han desaparecido muchos modelos. Han desecado la ciénaga. Han desplazado a la gente, etcétera. Pero no han logrado disipar totalmente el acervo cultural construido en este territorio por los ancestros. Todavía hoy los campesinos y los habitantes conservan tradiciones que son formas de vida que vienen aprendidas desde la vida ancestral y que generaban mucha armonía con el medio ambiente y el entorno. Esos medios de vida hoy están presentes aquí. Entonces vamos a rescatar todos estos elementos que jueguen un papel vital dentro del nuevo modelo de la economía en el territorio. Esas formas de vida que impactan en menor medida sobre el territorio aún persisten y son unos elementos culturales que no pueden desaparecer. Y la tendencia es a conservarlos.

El encuentro con Emilio Ramón Villegas Araújo tuvo lugar durante la jornada de presentación de los desarrollos del Observatorio Jurídico Ambiental y Territorial de la Universidad de Córdoba y Transformemos Territorios Construyendo Paz, realizado en Montería el pasado 13 de noviembre. Esta jornada contó con la participación de las comunidades, el movimiento Agua Contando Historias y el Observatorio de Territorios Étnicos y Campesinos (OTEC). 

Video Entrevista:

(1) Fuente: Razón Pública.
(2) Resolución 010 de 1982 del Incora.

Misión del Banco Mundial encabezada por el economista canadiense Lauchlin Currie a Colombia en 1949. Se trató de la primera misión del BM a un país en desarrollo.

Para saber más sobre el movimiento El Agua Contando Historias, lee nuestro reportaje:
https://transformemospaz.com/noticias/desde-tierras-zenues-el-agua-cuenta-sus-historias/

O visita nuestro canal de Youtube:
https://www.youtube.com/watch?v=v_zLLb-ceh8&feature=emb_logo

La Convención sobre los Humedales o Convención Ramsar (Ramsar, Irán, 1971) es un tratado intergubernamental cuya misión es la conservación y el uso racional de los humedales mediante acciones locales, regionales y nacionales y gracias a la cooperación internacional, como contribución al logro de un desarrollo sostenible en todo el mundo.

Hace parte de la red de observatorios locales promovidos por la iniciativa ‘Transformemos Territorios Construyendo Paz’ en el país.

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