Mujer rural y restitución: Otra clave del desarrollo en el campo

Vereda Norcasia, Florencia (Caquetá) Foto: Fundación Chasquis

En el marco de la iniciativa ‘Transformemos Territorios Construyendo Paz’, la Unidad de Restitución de Tierras (URT), con el apoyo del Programa de Ayuda Humanitaria y Desarrollo (COSUDE) de la Embajada Suiza en Colombia, realizó  tres núcleos de exigibilidad de derechos en los departamentos de Antioquia, Valle del Cauca y Santander, para que las mujeres integrantes de familias en proceso de restitución fortalecieran sus saberes y capacidades en la protección de su derecho a la restitución de la tierra. 

Los núcleos de exigibilidad se llevaron a cabo con la participación de mujeres de los municipios de San Carlos (Antioquia); Tuluá, Trujillo y San Pedro (Valle del Cauca); y de Sabana de Torres y San Alberto (Santander).

Para entender mejor en qué consistió dicho trabajo, así como sus logros, aprendizajes y recomendaciones, entrevistamos a la consultora que acompañó este proceso en la URT, Soriz Sáenz:

Transformemos Territorios Construyendo Paz: ¿Qué son los núcleos de exigibilidad de derechos?

Soriz Sáenz: Son una estrategia que surge en el marco de la restitución de tierras a partir del proceso que la URT viene adelantando con mujeres en etapa posfallo. Es decir, con aquellas mujeres que cuentan con una sentencia de restitución. Los núcleos de exigibilidad constituyen un escenario para que las mujeres puedan acceder a su derecho de acceso a la tierra.

TTCP: ¿Qué similitudes encontró en los diferentes núcleos?

SS: Hay algo similar en los tres núcleos y es el empoderamiento que las mujeres tienen acerca del conocimiento de la ruta de restitución y de los elementos básicos para comprender las sentencias de restitución. Estos son núcleos que se conformaron en 2017 y que han tenido un proceso de acompañamiento y capacitación por parte de la URT a través de la Dirección Social. Entonces se trata de mujeres que ya tienen un conocimiento básico de los derechos al acceso a la tierra y también de sus derechos como mujeres.

Otro elemento que es compartido en los tres núcleos y es el interés que manifiestan las mujeres por un proceso organizativo. Estos núcleos han tenido un alcance más allá del proceso de restitución. Algo a destacar es que en los encuentros tanto individuales como a nivel nacional y local, se ha manifestado un interés por parte de las mujeres por conformar o articular procesos en torno al concepto de la mujer rural.

También hay un conocimiento de la institucionalidad y de las competencias de las instituciones en la restitución de tierras.

También hay un interés de las propias mujeres en que ellas puedan, a partir de la experiencia que ya han vivido en torno a la sentencia y a la interlocución en espacios locales y nacionales, convertirse en multiplicadoras de conocimiento para otras mujeres que están en la fase inicial de reconocimiento de su sentencia. Esto es común en los tres núcleos.

En todos los núcleos hay un liderazgo muy fuerte de las mujeres, lo cual marca una diferencia en lo que uno puede identificar en mujeres que no están articuladas a procesos organizativos como lo son por ejemplo estos núcleos de exigibilidad.

Otro tema que marca mucho este proceso es cómo se empiezan a romper esquemas dentro de un contexto patriarcal. Cómo la mujer empieza a apropiarse de su tierra, lo cual le da autonomía en sus decisiones, ya que empiezan a interlocutar con su parejas ya no desde una relación de opuestos sino de construcción conjunta. 

Y allí hay un reto para trabajar, y es con los actores locales para que estos reconozcan la voz y el lugar que tienen las mujeres como lideresas en los territorios, para que así también sean reconocidas en diferentes instancias a nivel local.

TTCP: Según su análisis, ¿cuáles son las principales dificultades para que las mujeres accedan a su derecho a la tierra?

SS: El desconocimiento de las instancias y autoridades a nivel territorial, es decir, Alcaldía, secretarias, etcétera. Allí son importantes escenarios de interlocución entre las mujeres y estas entidades, por ejemplo. Hay un tema de orden cultural y es cómo se legitima la voz de estas mujeres a la hora de interlocutar con un alcalde, un concejal o un personero.

También hay otro tema que tiene que ver con la interlocución con los jueces. Cada mujer tiene la posibilidad de solicitarle al juez una audiencia de seguimiento a su sentencia. Esto es desconocido por las mujeres a veces y por eso ellas en ocasiones no activan esa ruta. 

Aún falta mayor conocimiento y apropiación por parte de las mujeres de sus derechos, así como falta mayor conciencia sobre el derecho el acceso a la tierra que ellas tienen. Pero creo que se va avanzando, y creo que esta figura de las mujeres como multiplicadores de conocimiento puede funcionar en ese sentido.

TTCP: ¿Cuáles son los hallazgos y aprendizajes de este proceso?

SS: Un aprendizaje es que la metodología vivencial que aterriza en la vida de las mujeres, en su territorio, en su cuerpo, permite que sea más comprensible el componente jurídico que tienen las sentencias y los procesos de restitución.

Entonces, dependiendo de las necesidades particulares de cada grupo, la metodología se debe poder adaptar a las necesidades específicas de las mujeres. Con esto quiero decir que la flexibilidad metodológica es fundamental.

También es importante profundizar en el conocimiento de las competencias institucionales para el cumplimento de las órdenes de las sentencias, como también es importante explorar y fortalecer ese conocimiento sobre esos espacios de participación por parte de las mujeres, tanto como mujeres y como víctimas. Porque allí hay unos escenarios institucionales que pueden ser útiles a los objetivos de los núcleos, sobre todo a nivel territorial y local.

Otro elemento para señalar es el involucramiento en la URT en todo el proceso tanto a nivel nacional como territorial. Eo es muy importante porque es allí donde realmente se puede evidenciar cómo se articula el proceso.

Estos núcleos de exigibilidad empiezan a configurarse como un espacio organizativo de las propias mujeres desde una perspectiva ya no solo del derecho al acceso a la tierra sino del derecho de las mujeres rurales. Estas son mujeres rurales que se han venido organizando y que ya tienen una conciencia mayor sobre la importancia de lo colectivo para agenciar diferentes procesos.

Hay una recomendación que es muy importante y es la necesidad de activar un mecanismo de acompañamiento a estos núcleos. La idea fundamental es que estos núcleos necesitan un proceso de acompañamiento que pueda fortalecer su ruta de agenciamiento de derechos.

TTCP: ¿Por qué es importante restituir a las mujeres rurales?

SS: Uno, porque hay una desigualdad histórica que ha padecido la mujer en cuanto al acceso a la tierra, y este es un mecanismo para reivindicar los derechos de las mujeres rurales. Pero también para empezar a establecer canales de diálogo entre las familias. Se trata también de romper desde allí patrones culturales de tipo patriarcal.

Dos, porque además eso hace parte del proceso de construcción paz desde lo local, en donde el acceso a la tierra en fundamental para fortalecer los procesos de vida en los territorios. Una construcción de paz sin que se tenga un acceso a la tierra o a los medios de producción, especialmente cuando estas mujeres han sido todas víctimas del conflicto armado, es muy difícil.

El acceso a la tierra, y el proceso de restitución en particular, posibilitan los procesos organizativos y productivos de las mujeres, y eso a ellas les confiere mayor autonomía económica. Además, afecta otros aspectos como la toma de decisiones frente no solo a lo económico sino frente a su cuerpo y a la vida de quienes les acompañan. Restituir a las mujeres es generar procesos autónomos que son fundamentales para el desarrollo de la ruralidad en el país.

TTCP: Finalmente, ¿considera que estos aprendizajes son aplicables en otros territorios de Colombia?

SS: Sí. Claro que sí. Esta estrategia de los núcleos de exigibilidad y los aprendizajes que se derivan del proceso son eficaces en otros municipio, tanto a nivel básico como empezar a convocar a mujeres que no tiene ningún tipo de conocimiento o formación en cuanto a sus derechos, hasta a otro nivel, como trabajar con mujeres que ya vienen con procesos organizativos consolidados. 

Es una oportunidad de consolidar el papel que juega la mujer en la ruralidad en el país, así como de construir mundos posibles desde la economía social y solidaria. Mundos que sean sostenibles económicamente y que permitan combatir las violencias que las mujeres viven tanto en la ciudad como en zonas rurales.

 

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