Acción Sin Daño

ACCIÓN SIN DAÑO COMO APORTE A LA CONSTRUCCIÓN DE PAZ

El enfoque de Acción Sin Daño nace en la década de los 90 del siglo XX, tras analizar las intervenciones de acompañamiento de la cooperación internacional humanitaria y de construcción de paz y desarrollo, en especial en escenarios de conflicto armado, cuando los cooperantes se preguntaron por qué al llevar la ayuda se generaban impactos negativos.

“El análisis llamó la atención sobre los impactos de los programas y proyectos, de manera independiente a sus objetivos, en tanto pueden exacerbar conflictos, generar dependencia, anular las capacidades de las personas, suplantar al Estado en su tarea como garante de derechos, entre otros. A estas situaciones se les conoce como daños de la intervención. Sin embargo, las acciones también tienen el potencial de promover la resolución pacífica de los conflictos y las tensiones, generar independencia y autogestión, y, en sí, potenciar las capacidades locales de paz. Las intervenciones que promueven esto o que son producto de la reflexión y la generación creativa de opciones frente a los daños identificados, corresponden a acciones sin daño” (Justicia transicional y acción sin daño: una reflexión desde el proceso de restitución de tierras. Bolívar y Vásquez, 2017, p. 20).

La Acción sin Daño se funda en tres pilares: respeto a la Dignidad, Autonomía y Libertad (DAL),  y supone que al intervenir en un conflicto no se puede ser neutral: se entra a ser parte integral del mismo, y ello exige que la intervención no se convierta en un factor más de escalamiento del conflicto sino que apoye su transformación al promover los ‘conectores’, como aspectos que favorecen la tramitación positiva de este, y mitigar los ‘divisores’, como aspectos que lo exacerban. Tanto la Justicia Transicional como el enfoque de ASD persiguen el objetivo último de lograr la consolidación de la paz en donde intervienen.

 

En Colombia

“En su aplicación en la práctica, en el contexto colombiano, por parte de agentes públicos, privados y sociales, se pudo reconocer que cualquier acción que se realiza en un contexto conflictivo debería proponerse no solo el no hacer daño sino fortalecer las capacidades de personas e instituciones así como escenarios de diálogo y concertación que potencien la construcción de paz en lo local, regional y nacional (…) Es por eso que al diseñar una iniciativa de acción social en un país como Colombia, es importante que la lectura del contexto y el análisis de la relación entre el contexto y la acción, y viceversa, tengan presente estas premisas: Desde todos los actores: sector público, social o privado, y a partir de todos los niveles: nacional, regional, local y/o comunitario, más allá de no hacer daño se pueden hacer aportes intencionales para transformar las condiciones estructurales y culturales que conducen a las violencias. En este sentido la propuesta de ‘Acción sin Daño como aporte a la Construcción de Paz (ASD-CP)’ considera que todo tipo de actividad en el país debe priorizar el análisis de su trabajo desde el concepto del enfoque sensible al conflicto” (Acción sin Daño como aporte a la Construcción de Paz. Vela, Rodríguez et al. 2011, p. 23, 32).